La idea de que la reina Victoria del Reino Unido era una mujer amargada, fría e inconsolable luego de la muerte de su esposo el Príncipe Alberto en 1861 es poco más que un mito. Si bien es cierto que la reina pasó el resto de su vida de luto lamentando la perdida de Alberto y que incluso llegó a negarse a aparecer en público por algunos años, Victoria fue más que capaz de sentirse alegre y a gusto en compañía de otras personas de su entorno. Tal es el caso de John Brown, su sirviente escocés favorito, al cual llegó a considerar como su "mejor amigo."
